Durante el día vives una vida, una vida real, en el mundo real, con gente e historias reales que acumulas y no olvidas. Vives.
Pero la noche todo cambia. Igual que los números, que existen los reales y los imaginarios, por la noche entramos en el mundo imaginaro, el mundo de los sueños. Un mundo que mientras duermes crees que es el mundo real, sientes, notas cosas, es totalmente incontrolable. Una vida imaginaria.
Llega un momento de control, que sabes que estás durmiendo, soñando y más o menos vas controlando el camino del sueño, sin sobresaltos. Es el momento más próximo de los 2 mundos.
Pero si te desvelas más de la cuenta, ese mundo desaparece y no puedes seguir soñando el mismo sueño. Empieza otro, y lo que es peor, olvidas todo. Al despertar y como goma de borrar, se van olvidando los detalles de ese sueño único e irrepetible, ese mundo imaginario se desvanece para toda la eternidad.
Anoche fui a un mundo genial, con gente genial. Es lo único que recuerdo 12 horas después. Ese mundo desapareció, pero siempre quedará en mi corazon que fue genial. Aunque también olvidaré que tuve este sueño, pero si algún dia vuelvo a leer esta entrada en el futuro, quizás desentierre del fondo de mis neuronas, ese pequeño recuerdo.
O quizás simplemente diga, ¿que fumé ese dia?
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