Sé feliz ¡capullo!

Hola amigos, amigos hola…en capicúa.
Los que me conocéis ya sabéis de qué pie cojeo y que soy más llorón que una magdalena.

Ya sabéis de lo que hablo…, que si mi monedero es una mierda, que si mi trabajo es inestable, que si mi bola de nieve está derretida, que si soy mileurista y así no llegaré siquiera a ser Desahogao Financiero, que si el buyanjol es muuuuu leeeeentoooo, que si seguro que seré desplumao en esto de la bolsa, que si la Belén Esteban se separa de nuevo (bueno esto realmente me la pela, je,je,je)…En definitiva, que uso mi eslogan  «Hoy hace un día maravilloso, verás como viene alguien a joderlo», más que bodas ha tenido la Esteban esa.

Es mi naturaleza de cagón y no puedo evitarlo. Me preocupo de las cosas antes de que ocurran, y si luego no ocurre, ¿qué he ganao?, pues un descaliento y un cuelgue pa ná…

Oye, que no creo que sea el único, todos tenemos ojos y vemos lo que ocurre a nuestro alrededor o en el entorno más cercano…Ese amigo que pierde su curro, ese familiar que enferma, ese otro que se divorcia, ese negocio que se hunde, esas inversiones que salen rana, esos timos que vemos por la tele, tu puesto de trabajo que lo veías seguro y con la crisis ya no lo es tanto, etc, etc.
Pero tengo la mala y jodía costumbre de preocuparme de las cosas antes de tiempo.

Tenía guardado por ahí, un artículo (creo que del Confidencial) que lo firma un tal Hector G. Barnés (el mérito para quien le corresponde) y que ahora usaré para completar la entradita de hoy:

LA GUÍA DE SÉNECA PARA SER MÁS FELIZ Y DESHACERTE DE TUS PREOCUPACIONES

El pensador estoico consideraba que nuestra mente nos traiciona haciéndonos pensar que nos van a ocurrir cosas malas. Debemos deshacernos de preocupaciones y deseos falsos.

Una de las fuentes de ansiedad más habituales en el mundo moderno es el miedo que sentimos hacia un futuro que percibimos mucho más negro de lo que realmente será. Adelantamos acontecimientos, pensamos que la tostada caerá siempre por el lado de la mantequilla y tenemos la triste certeza de que con seguridad lo que viene va a ser peor, un pensamiento a menudo espoleado desde los medios de comunicación. Para todos los que piensan así, los estoicos, la escuela filosófica fundada por Zenón de Citio, tienen una buena lección: la felicidad es posible, siempre y cuando nos deshagamos de todo lo que no necesitamos. Especialmente de todos aquellos miedos y deseos que nublan nuestra percepción.

La carta número 13 que el filósofo y político cordobés Lucio Séneca envió al escritor Cayo Lucilio ha sido considerada durante siglos la mejor guía para aliviar nuestra ansiedad en esos momentos en los que pensamos que todo va a ir mal. Su título, ‘Sobre los miedos infundados’, lo dice todo. Se trata de un buen recordatorio para guardar en el móvil o imprimir y llevar en el bolsillo, especialmente si somos de esos que sentimos al acostarnos que es totalmente posible que la mañana siguiente el sol no vaya a salir por el este.

No hay que ser infeliz antes de tiempo, como cuando aquellos hechos que pensabas eran inminentes te provocaron pánico y no ocurrieron

“Muchas más son las cosas que nos aterran que las que nos aplastan, con frecuencia sufrimos más en la imaginación que en la realidad”, explicaba el pensador al destinatario de su carta. “No estoy utilizando palabras de los estoicos, sino otras mucho más llanas: nosotros solemos decir que todo aquello que nos arranca llantos y gemidos son ligerezas que no merecen más que desprecio”. La primera lección, por lo tanto, es evitar todo aquello que nos entristece o aterroriza.

LA LECCIÓN QUE ARISTÓTELES NOS ENSEÑÓ SOBRE LA AMISTAD: UNA GUÍA PARA LA VIDA (Héctor G. Barnés)

En su ‘Ética para Nicómaco’, este pilar de la filosofía occidental se preguntó acerca de las clases de compañerismo que existen y explico a cuál de ellas deberíamos aspirar
“Lo que te aconsejo es que no seas infeliz antes de tiempo, como con aquellos hechos que pensabas que eran inminentes y te provocaron pánico”, animaba a su lector. “Quizá no llegue nunca, como aquello tampoco llegó”. La realidad es que “algunas cosas nos atormentan mucho más de lo que deben, otras antes de que deban y algunas otras nos atormentan cuando de ninguna manera deberían hacerlo”. Algo aún más acentuado en el mundo moderno, en el que la gran cantidad de estímulos que recibimos perturban nuestra tranquilidad.

Las preguntas que debes hacerte:
El enemigo somos nosotros, de acuerdo, pero puede haber otras personas que se crucen en nuestro camino y que intenten convencerte, activa o pasivamente, de que te va peor de lo que piensas. En ese caso, Séneca hijo propone varias preguntas que debemos hacernos para evitar que los demás acaben con nuestra templanza. Por ejemplo, “¿De qué es de lo que sienten pena?”; “¿Qué es lo que les preocupa como si temiesen contaminarse?; “¿Es realmente tan malo o tiene peor nombre que verdadera nocividad?”. Y dos preguntas más: “¿No me estaré torturando y afligiéndome sin causa?”; “¿Puedo darme cuenta de si son imaginarios o reales los motivos por los que me angustio?”.

¡Con qué frecuencia lo inesperado ha sucedido! ¡Con qué frecuencia lo esperado nunca sucede!

Podemos encontrar preocupaciones en los tres tiempos de la experiencia humana, el pasado, el presente y el futuro, y ninguno de ellos debería darnos quebraderos de cabeza. El presente, siempre que “tu cuerpo esté libre, sano y no seas víctima de los insultos de nadie”. El pasado, pasado es, aunque hay que tener cuidado de que aquello que hemos vivido no enturbie nuestro juicio sospechando que solo lo peor va a ocurrir: “¡Con qué frecuencia lo inesperado ha sucedido! ¡Con qué frecuencia lo esperado nunca sucede!”.

El futuro es, por lo tanto, mucho más espinoso, porque “la mayor parte del tiempo sufrimos a causa de sospechas”. Como explica Séneca, “aceptamos las opiniones, no verificamos aquellas que nos inducen miedo ni las examinamos, nos ponemos a temblar y ofrecemos la espalda a aquellos que desertan las casernas a causa del polvo levantado por ganado que huye”. Una posible solución es “creer en aquello que prefieras”, y si consideras que “el miedo tiene más argumentos, inclina la balanza para el otro lado como sea”. Séneca añade: “Hasta la mala fortuna tiene sus caprichos: puede que llegue, puede que no. Por lo tanto, espera lo mejor”.

La consolación era un popular género en el que el autor intentaba confortar a su destinatario a través de una breve reflexión. Séneca fue uno de sus maestros.
Cabe otra posibilidad, y es que tengamos buenas razones para pensar que algo terrible va a ocurrir. En dicha situación, podemos permitirnos el lujo de considerar que, efectivamente, el futuro puede ser negro, siempre y cuando no caigamos en la desesperación. “Incluso, si un mal futuro debe acontecer, ¿quién te obliga a sufrir su dolor ahora? Ya sufrirás suficiente cuando llegue. Mientras tanto, espera algo mejor. ¿Qué ganarás al hacer esto? Tiempo”. ‘Carpe diem’, “aprovecha el tiempo”, tal y como rezaba el lema estoico.

Ya estoy de vuelta:
Me quedo especialmente con el último párrafo, ese que he subrayado…Si alguien de verdad va a venir a joderme el futuro, o si voy a perder mi trabajo, o mis inversiones irán como el culo, ¿qué gano con preocuparme antes de tiempo?…si llega pues ya tendré tiempo de llorar lo que haga falta, ¿pero llorar ahora y sin necesidad? ¡hay que ser capullo…!

No mezclemos churras con merinas, considero y consideraré la bolsa aburrida, lenta y lo menos malo que hay para alguien como yo (eso no es un lloro). Los dividendos muy poquita cosa para el riesgo que entrama este mundillo (que lo manejan 4 cabrones con poder y pasta) y que comparado con los intereses que nos daban no hace tanto en los plazos fijos, los dejan en poco menos que un mojón…Eso no es al lamento que me refiero en esta entrada. Mis quejas van encaminadas a cosas más importantes (para mi al menos) como el trabajo, nivel de vida, estres, salud, convivencia, etc, etc…lo que viene a ser mi día a día, ¿sabéis las veces que he dicho a mi entorno que estoy muy preocupado por el futuro de mi puesto de trabajo, que lo veo muy inestable y que si me despidieran hoy tendría una edad muy muy jodida para recolocarme en otro lado?…es ya un clásico en mis negruras y comeduras de tarro. Es mi espada de Damocles particular.
A eso me refiero con lo de llorar antes de tiempo, porque a día de hoy (toquemos madera) nadie me ha hablado de echarme del curro y que se sepa mi salud y la de los míos es buena; no por la jodía bolsa y el buyanjol de los cojones…(en esto seguiré llorando, je,je,je, ¿he dicho ya que no me quedan perras en liquidez del monedero?…bueeeeno, vaaaleee, lo reconozco, también es un lloro lo de mi aventura bolseril…soy un llorón.)

Sé que voy a seguir quejándome y lamentándome antes de tiempo y puede que sin motivo, pues a capullez y tontopolla no me gana nadie y ya es un mal vicio como el tabaco, pero ese día quizá (solo quizá) si me da por recordar esta entrada, que es de las consideradas moñas, igual dejo el lamento y me digo:

¡VIVE COÑO, Y  DISFRUTA DE LA VIDA QUE NO ESTAMOS TAN MAL!

Chistecito del día

«Hay que chuparlo para mojarlo. Hay que empujarlo para meterlo.»

Qué difícil es meter el hilo en la aguja.

Firmado:

La abuela

Chistecito del día bis

-¡Puto móvil la que me la liao!, ¡Jodío corrector de los cojones…!

¿Qué te pasa Pepe?

¡Madre mía que marronazo me voy a comer por el puto corrector del móvil!, acabo de enviarle un mensaje a la nueva compañera de la oficina y le mando esto sin querer:

» ¡Guarrona!, me pones berraco perdido, el jueves te voy a coger por esas tetazas en la sala de las fotocopias, te voy a comer todo el coñazo y te voy a penetrar por el culo como a una perra en celo»

¡Joder!, ¿y tú que querías ponerle?

 Que es el viernes…

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